“En un pueblo con tejido comercial sano, las calles son más seguras, la vida más agradable, el ambiente más feliz”. Elena de Kireei
El pequeño comercio de la ciudad está regentado por los propios vecinos, gente a la que le importa el lugar donde vive y se preocupa por lo que sucede a su alrededor.
El comercio local humaniza las ciudades, te ofrece un trato más cercano, de confianza y dinamiza la economía local y de la zona permitiendo a muchos vecinos ganarse la vida.
Al invertir dinero en el pequeño comercio, en el barrio conseguimos que este dinero permanezca en nuestro entorno, volviendo al circuito y generando más riqueza en la zona. Un euro gastado en el comercio local genera 3 veces más riqueza en el barrio que un euro gastado en una gran superficie.
También fomentamos el apoyo a emprendedores, artesanos y creadores, que en muchos casos ayudan a conservar los oficios tradicionales y generan empleo.
Los comerciantes además son parte activa en las fiestas y eventos culturales de la ciudad bien con su colaboración, sus productos, decorando sus fachadas y establecimientos, etc.
En definitiva, el comercio local trae bienestar a la comunidad. Sin él, las ciudades estarían menos iluminadas, más sucias, habría menos vigilancia y seguridad, faltarían puntos de reunión vecinal. Los comercios locales tienen un efecto vertebrador en la sociedad actual que es único.
¿Dónde queremos vivir? ¿En una ciudad viva, iluminada, activa o en una ciudad dormitorio?
La decisión está en nuestras manos.